SINK, o sea sin querer evitarlo
En inglés quiere decir, single independent, no kids. Que si lo traducimos al español es lo mismo que singular e independiente sin niños, porque single señoras y señores no es exactamente soltero, es algo más, es algo diferente que mucha gente ahora elige para diferenciarse del resto de los ciudadanos/as decentes, con familia y aburridos de la vida que gobiernan y dominan nuestra sociedad. Algunos hemos llegado a esta postura después de descubrir que la vida a dos no era lo que necesitábamos, otros nunca han buscado ese otro para vivir porque tenían claro que individualmente eran felices. Todos estamos más o menos convencidos de que así nos va mucho mejor, a pesar de que a veces nos de el bajón cuando el fin de semana se nos hace demasiado largo con nosotros mismos. Pero también es verdad que todos suspiramos de alivio tras una cena en casa de una pareja casada y con niños, o que nos morimos de risa de las peleas entre matrimonios por cosas tan idiotas como el color de la pared. Que escuchamos ojopláticos infidelidades de todo tipo de nuestros amigos/as casados, que salimos con ellos algunas noches y les observamos atacar a todo tipo de victimas como si no hubiera un mañana, esos angelitos casados y con hijos que son perfectos ejemplos de la felicidad matrimonial y a los que soportamos justificaciones ilógicas en esos momentos de gilipollez transitoria lo cual les permite irse a su casa con la conciencia más tranquila. A pesar de haber sido testigos presenciales de sus numerosos intentos de ligar con una rubia platino con pinta de putón o de echarse en brazos de ese mazizo de 20 años que podría ser su hijo, a pesar de todo este bochorno sufrimos esa especie de sentido de superioridad por su parte una vez que vuelven a su estado normal y tienen la desfachatez de simular frente a nosotros una vida a dos ideal porque ellos al menos tienen algo y nosotros estamos más solos que la una. Somos un club que va en aumento y hemos pasado a sentirnos muy cómodos observando como otros creen en el amor eterno aun cuando vivan en la eterna infelicidad.
En este cada vez más amplio grupo de incomprendidos-privilegiados vivo yo tras mi divorcio y mi pasión por los idiomas , el vino y los viajes, mi amiga Amalia con su hija de 17 años y sus historias de amor de una noche, mi jefe que tras su separación se agarra unas memorables cogorzas los fines de semana que sale, Edu que se queda en casa leyendo y pasea los domingos junto a la playa sonriendo a los que se le cruzan, Carmen que se ha comprado un perro y se ha hecho budista, Ely que chatea con sus amantes virtuales, en fin cada uno y cada una viviéndose por primera vez a sí mismos y descubriendo a alguien que no conocían o que hace mucho tiempo habían perdido de vista.
No me digáis que somos unos resentidos, que no creemos en el amor, que nos da miedo lanzarnos, que somos egoístas. No creo que esto sea cierto, yo pienso que somos tan humanos como los que deciden que la soledad es tan difícil, tan penosa o tan desconocida y temida que prefieren estar con alguien aunque algunas veces nos envidien cada locura, cada historia, cada nueva pasión, cada viaje, cada vivencia. Simplemente hemos elegido caminos diferentes y en ellos nos cruzamos cada día, como me pasa a mí en cada una de las historias que cuento aquí.

